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miércoles, 4 de agosto de 2010

día 252 - y van...

¡No me dirán que no se comprende que es todo superentendible y justificable!:


  • día 257 - viernes, lluvia torrencial. Encima no trabajé en mi oficina sino que tuve que viajar (no muy lejos, pero bueh) cargada de paquetes y papeles y paraguas. Al volver a casa, no iba a empezar a pensar en la tesis porque tenía que recuperar una clase de yoga a la que falté ayer (jueves) por ir a la charla motivadora de tesis... pero como dije: mucha lluvia. Ni tesis ni clase.

  • día 256 - sábado, desde la mañana y durante toda la tarde vino el técnico a instalarme el split frio-calor (si, si. estuve soportando los veranos de 45º y las olas polares sin él). Claro que no era momento para estudiar. ¡¡Y menos cando se fue, un sábado a la noche!!

  • día 255 - domingo. No da.

  • día 254 - primer día laboral de la semana: estás dormido por el desbarajuste de horarios de sueño del fin de semana, sumado a que hay el doble de trabajo. ¡Pero sorpresa! Mi compañera de la charla-motivadora-tesística me dejó una cartita en el escriorio que versaba: "Taller de metas: faltan 254 días para recibirte" (si, con ellas bromeábamos al respecto) y adjuntó un apunte. Pensé: qué tierna. Pero ya había quedado cenar en casa de una amiga para trabajar sobre unos proyectos que estamos desarrollando. Llegué a casa a la 1am = de tesis, cero.

  • dia 253 - hoy, martes. Trabajo todo el día y dormida, como siempre, por la trasnochada de anoche. Fui al trabajo con las calzas porque aun era tiempo de recuperar la clase de yoga del jueves pasado! Pero trabajé hasta tarde y no llegué a horario. Me fui a casa y me encontré cocinando (para la cena de hoy y para el taper de mañana en la oficina) pero ojo: de repente me sorprendo escribiendo en un word como 25 temas posibles de tesis (cosa que nunca había hecho, los tenía todos en la cabeza). ¿Estaré despertando a la idea de que tendré que hacerla algún día?

Qué aburrido todo esto que escribi. Pero tengo que convencerme que de verdad tengo muchos argumentos para no empezar a hacerla (?)

Quién sabe... mañana miércoles me invitaron a ver unos cortos a las 21 hs. y luego cenar. Tal vez rechace al posible-futuro-galán por venir a casa a pensar en la tesis, ¿no? Si, si. Seguramente.

Creo que la próxima vez que escriba al respecto, no contaré cosas aburridas de días y horarios, sino de todo lo que va aconteciendo en paralelo a eso: quién llamó por fin y no lo podía creer; a dónde me invitó y quién (otro, no el que llamó); de quién me estuve acordando; con quién soñé; lo que pasó con mi jefe; lo que encontré en la oficina en un lugar escondido (¡y que me involucra!); qué brillante idea se me ocurrió para salvar al mundo; y todo ese tipo de cosas importantes.

¡Y ni loca lo sigo haciendo día por día! qué embole.

Al menos, hice la lista de temas posibles de tesis. Algo es algo.

lunes, 2 de agosto de 2010

Integridad ¿un valor?


Tiene lógica que conceptos como heroísmo, solidaridad, ecuanimidad, justicia, bondad, y tantos otros sean valores admirables y de esos que no encontramos cotidianamente.

¿Qué los hace, en sí mismos, que sean Un Valor?

Entre tantas cosas, supongo, que tienen en cuenta al Otro. Y muchas veces en perjuicio del Uno, y en un contexto (dígase: mundo) donde eso no es tan habitual (si no, no serían Un Valor).

¿Qué pasa con la Integridad?

Es claramente un valor, y arriesgo que sólo porque no se lo encuentra tan seguido en el mundo, pero no por su propia definición (aclaro que aún no consulté el diccionario).

Espontáneamente y en el uso coloquial que le doy yo, Integridad vendría a ser algo así como respetar los valores que uno tiene, pero por el respeto a uno mismo en todo momento y lugar (no lo confundiría con convicción, que es más parcial). Entonces, el eje comparativo es la misma persona. Su manifestación sería que esa persona hace las cosas en función de sus propios valores. Resumiendo: dice lo que piensa, hace lo que dice, y en todos los ámbitos de su vida. Para mí, y hoy, eso sería integridad.

El que no es íntegro ¿qué es? Si, si. Es hipócrita.
¿Pero por qué, un hipócrita, lo es?
¿Es porque no se respeta a sí mismo?
¿Acaso es orador de frases ó ideas vacías o ajenas de las que ni él mismo está convencido? ¿Si no por qué no llevarlas adelante?

¿Acaso cambiar de discurso en uno u otro ámbito es parte de un valor propio (por ejemplo, un manipulador), por lo que no dejaría de ser íntegro el hacerlo?

Y no confundo hipocresía con contradicción. Es más, celebro la contradicción fruto de reflexiones sobre uno mismo. Es muy íntegro buscarlas y reconocerlas: tener una ideas ó valor y no actuar en consecuencia por tal obstáculo ó circunstancia, e intentar analizar el obstáculo... ¡ó el valor! (¿era una idea correcta, si estando al alcance de mis posibilidades no actúo en consecuencia de ella? ¿si evalúo imposible su concreción, seguiré profesando esa idea?).

¿Tan difícil es decir lo que se piensa, hacer lo que se dice e ir, en el camino, creciendo y mutando y aprendiendo y conociendo para que también el hacer nos enriquezca el pensar (y no sólo "importar" valores ajenos)? Llegar a nuevas conclusiones e ideas, tal vez nuevos valores, y decirlos y actuar en consecuencia... ¡Esto no debería ser un valor! Debería ser respeto a uno mismo.

Por otro lado, la Hipocresía: ¿Acaso el primer (y no por ello "principal") damnificado no es el hipócrita? Piensa o siente una cosa y hace ó dice otra. Actúa de determinada manera pero profesa ideas diferentes.

Está claro que ambos, por tener a la misma persona como referente, no están en la misma categoría de inocuidad cuando interactúa en el mundo: la integridad es cristalina para el prójimo, la hipocresía es oscuramente difusa, inaprensible y, a mi entender, siempre perjudica a alguien.

INTEGRIDAD
2. Dicho de una persona: recta, proba, intachable
No me refería a esta definición.
En mi concepto coloquial, Íntegro podría ser un ladrón
siempre que actúe en consecuencia de los
valores que tiene y profesa.
HIPOCRESÍA
Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.
Tampoco coincido tal cual.
El "fingimiento" (en "mi" hipócrita) sería
casi inconciente: defiende una postura
y actúa de otra manera, muchas veces
sin siquiera ver la contradicción.
El mejor descubrimiento:
ANTÓNIMO DE HIPÓCRITA:
INGÉNUO (encontré varios, entre los cuales NO estaba "íntegro")
Tal vez no haya personas hipócritas, sino simplemente personas que, en determinados ámbitos, son hipócritas. Cosa que con la integridad no es posible: se es, o no se es.
¿Seré ingénua?
...es que me siento una auténtica antónima de hipócrita.

domingo, 1 de agosto de 2010

¿Has de beber?

Ma sí. Que se vaya a la mier...
Si hasta que "no respondió el mail" ni me importaba.

El año pasado tuve unos problemitas de plomería y "alguien" me recomendó un amigo suyo. Vino. Muy lindo. Linda voz, aunque la escuché poco: trabajó como loco y no aceptó ni un vaso de agua, ni unas galletitas, ni un café, té, mate. Casi nada de diálogo, me cobró cifra que consideré justa y se despidió muy atento. Este año se lo recomendé a una amiga que estaba con los caños lastimados.

-¡Boluddaaaa! ¡Está muy bueno el plomeroooo! ¿Cómo no me dijiste?" me encuentro titilando en el messenger mientras estaba en el trabajo. Sí le había dicho, pero parece que no lo enfaticé en la proporción adecuada. Ella me escribía mientras él estaba ahí, arreglando. Le pongo:
-¡Sacale información! ¡Si está en pareja, algo!
A las dos horas...
-Ni le pregunté pero se encargó de sacar el tema que está casado y tiene un hijo-, me dice.
-No podía fallar-, le digo.

Hace poco tuve otro temita y lo llamé. Me desorientó su charla al teléfono: super extrovertido, bromista, expresivo. Yo lo había llamado desde el trabajo y ya me daba pudor hablar tanto con el plomero... ¡y más si sonaba a coqueteo! Él mismo bromeó con eso: -Bueno, mejor cortemos porque parece que podríamos hablar todo el día (!).

¿Qué fué esa charla? Enseguida le conté a mi amiga.

- ¡Nena! ¡Te está tirando onda!
- ¡Si está casado no me interesa, ya lo sabés! ¿pero se habrá separado?
Y todo tipo de especulaciones.
***
No viene al caso el por qué (por ahora), pero mi temita con la infidelidad
no tiene raíces ni religiosas, ni morales, ni tradicionales...
sino de cierta historia vivida
que me hizo fóbica a ese tipo de relaciones.
***
Llegó el día. Entra resuelto y extrovertido pero siempre de modo sutil, de lo más profesional, cosa que hacía cómoda la charla. Se ve que es su estilo porque sin que yo intente sacar el tema, se encarga de aclarar que se separó.
UAU

Por primera vez, de todo el abanico de especulaciones que había lucubrado, ¡se confirmaba la más optimista!

Él super simpático, yo me relajé. Me contó anécdotas de su vida y yo escuchaba y acotaba y opinaba... me preocupaba que fuera tan temprano y yo tan de entre casa... en fin, fluía la cosa lo más bien. Hasta que estábamos tan cómodos, él con sus herramientas en mis caños y yo en medias con las piernas cruzadas sobre la silla, que me confiesa el motivo de su separación: le fue infiel a la mujer.

CHAU

Duró poco la excepción al pesimismo. Involuntariamente (pues no es que sea una talibán de la fidelidad) se me vino a la cabeza esa historia difícil que viví... y no lo pude remontar. Mis comentarios empezaron a ser de lo más escuetos e indirectamente condenables. Ni yo me reconocía. Él divino, como cuando entró. Buscando en mí esa comprensión y complicidad que siempre tuve con el mundo aunque él no lo supiera, y por primera vez me sentí una pacata aborrecible. Como empujada por una pulsión mi lívido se desbarrancó sin retorno y dejó de interesarme al instante. Hasta que se fue, y pensé que era una verdadera idiota.

¿¡Qué me pasa!? era la cuestión más allá de él.

De todos modos, él en particular pasó a formar parte de mi libreta de "arregladores". Me olvidé por completo hasta que, por un tema de herramientas, empezamos a mensajearnos. Él seguía agregando algún adjetivo agradable a sus mensajes, y yo intentaba abrir mi mente. Él se ofrecía a regalarme una herramienta y yo a agradecerle pero no. Le propuse que la sigamos por mail porque ya eran páginas de mensajes. "Dale, espero tu mail. Besos".

Escribo un mail escueto y de clienta correcta. Pero por las dudas, y por si mi idiotez sólo se tratara de un autoboicot, terminé el correo con una pregunta cómplice sobre una anécdota que él me había contado... como dejando el espacio abierto a que me responda. Y nada. Días, semanas, y no respondió nunca.
Ma sí. Que se vaya a la mier...

Si hasta que "NO respondió el mail" ni me importaba.

Pero no dejaba de fantasear con toda clase de respuestas posibles, siempre que me tenían a mí como la más deseada y a él el más enamorado.

Y hoy. Creo que a un mes de mi correo enviado.

"Tienes un e-mail"
Que lo disculpe por el tiempo que demoró, que no lee seguido los mails.
Que todo bien, que si quiero puede pasar por casa a ver ese tema de la herramienta.

Y terminó el mail respondiendo la pregunta cómplice que le hice, con una broma correcta.

Y que cualquier cosa lo llame.
Qué cosas.
Por todos lados, hace agua.

viernes, 30 de julio de 2010

día 258 - Cita a Ciegas

Hoy.
Ahí estábamos mi amiga de la infancia, mi compañera de trabajo y yo, volviendo a esas paredes, olores, ecos, aulas. A la facultad que nunca nos había visto juntas.
Un escueto pero oficial mail nadando a la deriva nos había llegado con un mensaje del estilo "si hiciste toda la carrera y no te recibiste porque te falta la Tesis de graduación, esta charla es para vos".
A más de cuatro años de haber terminado los más de diez años que cursé, he pasado por todas las etapas posibles:
  • "Arranco el mes que viene", "a fin de año", "el año que viene".
  • Pasaban los meses y los estados de ánimo en relación a la cuestión: culpa por no empezar, preocupación, desistir del intento.
  • La falta de tiempo fue la única justificación: que tal historia sentimental me tiene alterada, que el trabajo, que me quedo sin trabajo, que el nuevo trabajo, que la mudanza, que los cursos que hago, que el otro trabajo que acepté part time por un año.
  • Cuando tenía algún tiempo: que necesito las vacaciones, que las pocas horas que tengo libres no las voy a usar para estudiar, que en esta etapa de mi vida tengo otros intereses.
  • Si me preguntaban sobre el tema: enojo, ofuscamiento, aburrimiento, risa.
¡Basta! No me voy a recibir. Punto.

Y aquí estábamos las tres, en esta cita a ciegas con La Facultad, teorizando si la charla se trataría de una terapia de grupo, de una propuesta metodológica para abordar la tarea, si la facultad estaría necesitando sí o sí que la gente se reciba y nos propondrían un Plan de Tesis Accesible y con Facilidades.
Se dio la charla ante una verdadera multitud que obligó a cambiar el aula prevista hacia la más grande de la facultad. Entre tips para abordar una tesis, y alguna que otra frases de motivación, La Facultad nos habló tanto con intereses políticos como académicos (huvo una oradora por cada interés), una suerte de "necesitamos que se reciban pero no por eso se aceptarán Tesis patéticas".


¿Sólo con la motivación alcanza? Si obtener el título no es una motivación para mí, ¿Cual será? Convengamos que la motivación por la indagación académica en sí no sería la más popular: si la Tesis fuese optativa ¿qué porcentaje del alumnado la haría?
Y nos fuimos. ¿Haber ido significará que ahora sí vamos a empezar a concretar aquella intención de hacerla? ¿O fue un paseo al pasado que resultará anecdótico mañana, cuando vuelva a mi "vida actual"?


Dejé sin responder la última pregunta de la mini encuesta que repartieron, que decía algo así: ¿Qué podría ofrecer la facultad para ayudarte a terminar la Tesis?
...
aquí descargo mi respuesta: una beca equivalente a un sueldo medio por un año y trabajo asegurado por los tres años siguientes, estabilidad emocional, anular mis otras inquietudes e intereses, venir a casa a lavarme los platos, la ropa, la casa.
¡Ah! Y un tutor copado, con onda, que se apasione con el tema que elegí, que esté bien parado ante su vida, que sepa lo que quiere, y que eso que quiere, sea yo.

Creo que con eso alcanza.

lunes, 26 de julio de 2010

El árbol de la vida real

-Yo las rompo y las tiro.
-Yo se las regalo. Todas excepto las que estoy solamente yo.
***
¿Qué hacés con las fotos de tu ex, de esa larga relación que, como corresponde, fue registrada con toda cámara y en todo lugar?
***
La pregunta surgió cuando me horroricé porque una amiga las tiraba. Resulta que me contó un pajarito que el corte de una relación larga muchas veces llega abrojado a una revelación que resignifica, retrospectivamente, toda la relación: que fue tiempo perdido, que cómo duró tanto, que vivía una mentira, que éramos como hermanos, que si nunca fui feliz, que no teníamos un proyecto común, que los distintos intereses, que respondía a un mandato, que teníamos sexo aburrido, y así. Frases que jamás hubiesen aparecido diez minutos antes del corte.

Entonces las tiro, para qué las voy a guardar.

Y no hay "Que es parte de tu pasado, de tu historia. Que a veces esas relaciones son hasta más importantes que la actual por lo que aprendiste y creciste. Gracias a ellas hoy sos quién sos" que valga. Todas las fotos al tacho ó papelera.

Y de repente, una pregunta clave: -¿Qué hacían nuestros padres con las fotos de sus ex parejas? Y no pude más que remitirme a mi pequeña familia, donde en la mayoría de los casos se casaron con el/la primer/a novio/a que tuvieron. ¿Pero en otras familias? ¿Acaso les muestran a sus hijos las fotos donde su papá aparece abrazadito y enamoradísimo de alguna mujer que no es su mamá, o viceversa? Me refiero a esas ex parejas donde no se han tenido hijos, claro.

Y no necesito instrucciones para seguir los pasos de esta escalera (descendente): llego al al tema de la familia... al recuerdo testimonial. ¿Dónde quedan registradas esas relaciones del pasado tan importantes en nuestra vida? El primer amor, la primer relación sexual, esa relación extramatrimonial que nos replanteó todo el universo y aun así la hemos dejado pasar. La gran desilusión. Aquella persona prohibida que nos volvió locos durante años. Aquella otra que jamás se interesó por nosotros. El ex con el que hiciste cosas que jamás pudiste repetir.
***
En el árbol genealógico, seguro que no están. Hay que tener hijo ó libreta para figurar ahí.
***
Cuando empecé a leer "Cien años de soledad" iba registrando atrás del libro una suerte de árbol genealógico para no perderme en tal embrollo familiar, hasta que desistí de esa manía y me dejé llevar por la historia. Pero cuando lo terminé, me puse a buscar en internet aquella tarea inconclusa y descubrí varios que habían graficado el dichoso árbol de los Buendías. En ese momento me pareció lo más natural que estén incluidas las "relaciones extramatrimoniales", dado que sin ellas muchos hechos importantes no se hubiesen producido...

Recién hoy contrasto eso con la realidad, donde obviamente tal registro no tiene lugar más que en la literatura. Y en la música, claro. ¡Y en el cine! Si no, preguntémosle a Rob de "Alta Fidelidad"...
***
Todos deberíamos hacernos un árbol genealógico de nuestra vida real: con todos los ex (y éstos, con las actuales y con sus ex), con los platónicos, con los que jamás superamos, con los traidores, con las relaciones truncadas, con los cobardes. Qué lindo ponerles el cartelito.

Y lo más aterrador: ¿qué cartelito le pondrían a uno?