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viernes, 6 de mayo de 2011

Trascendencia de lo diminuto

Hablaba divertida, sonriente, mirándome de reojo mientras sus manos no se distraían ni un segundo en lavar los platos. Yo le miraba las manos y no los ojos: mojando su esponja en un tachito que contenía detergente y agua (para ahorrar) luego fregaba los vasos por todo el perímetro donde se posan los labios, luego todo el interior dando una o dos vueltas, luego por fuera con la misma intensidad, y finalmente la base. El mismo metodismo ponía en depurar de todo rastro maligno los cubiertos, tanto del extremo de contacto con la comida, como del mango. Y los platos, cacerolas, recipientes de todo tipo: borde, interior y exterior.

Terminaba lavando rápidamente la pileta y la mesada. Secaba todo y nada la había interrumpido de nuestro diálogo de cosas importantísimas e imprescindibles, trágicas ó exultantes.

No teníamos más de 9 años.

Yo jamás había lavado los platos más que para jugar a que colaboraba en mi casa. Ella, anteúltima de cuatro hermanas mujeres, tenía un calendario de quehaceres domésticos inquebrantable. Todas hacían todo en esa casa que el padre había abandonado y donde la madre trabajaba y, cuando volvía, supervisaba. Lavaban la ropa, limpiaban y en-ce-raban los pisos, hacían las camas, limpiaban los muebles con lustramuebles y el baño con lavandina.

Toda mi vida vi lavar los platos a mi mamá, a mi abuela, a la señora que ocasionalmente limpiaba en casa, a mi papá, a mi tía. Jamás me había detenido en observar sus métodos aunque obviamente, los había visto millones de veces más que a mi amiga... Pero recuerdo esta escena de Nadia hasta con el color de los azulejos, la disposición de la mesada, la cocina, la mesa redonda con el mantel de plástico, el cuadrito de la pared de atrás, su sonrisa mientras me hablaba, sus manos automatizadas como si fueran independientes del resto de su cuerpo, incorruptibles y al borde de la obsesión.

Nunca más, hasta el día de hoy, pude lavar los platos de otra manera. Y  más de una vez, mientras lavo automáticamente, me viene esa foto a la cabeza.

2 comentarios:

  1. Wow, qué loco cuando se te vienen recuerdos con flor de detalle que pasaron hace un montón de tiempo... y ni te acordas lo que hiciste ayer...

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  2. Tal cual. En este caso, no sólo me quedó el recuerdo... fue una suerte de antes y después. Vaya uno a saber por qué determinados hechos, algunos intrascendentes, nos marcan de alguna manera, ¿no? Yo, muchas veces, esos momentos los recuerdo como "fotos".

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