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domingo, 5 de diciembre de 2010

¿Cuestión de fe?

Ella sueña con un hombre que la rescate. Con el que pueda conectarse íntimamente creando un diálogo franco y honesto, de comprensión mutua e infinita, a quien poder contarle hasta lo inconfesable y a quién poder entregarse incondicionalmente.

Sueña con que él la acompañe en momentos tristes, difíciles, hostiles, y junto a él sentirse contenida. Pero también se sueña acompañada en los buenos momentos, compartiendo cosas cotidianas como el trabajo, la familia, los amigos. Y por supuesto, momentos de plenitud y felicidad.

En su sueño, la locura que ella cree tener toma total coherencia ante los ojos de él, y él siempre tiene la palabra que ella necesita. Entre los dos hacen uno, infranqueable e indivisible.

Ella se siente orgullosa. Él le inspiraría, por tan dedicado amor, ganas de brindarle todo lo que a él le gustaría... ella conocería todos sus gustos y expectativas y se sentiría gratificada al dárselos.

Ella se aferra a su sueño como si fuera una utopía ante la que no quiere claudicar.

Ella ha dibujado en su cabeza y en su espíritu la esperanza de que es posible. De que existe. Y si un día resignara su sueño, casi toda su vida amorosa carecería de sentido. Se sentiría vacía sin ese motor que la movilizó hasta ahora. Y las separaciones de las que fue protagonista, los hombres a los que les dijo que no, todo ello no tendría sentido pues se basaron en creer en que es posible otro tipo de relación, la relación con la que sueña. La esperanza de que puede ser real. La fe en que está ahí, que Él existe.

Fuerte y sensible. Valiente y compasivo. Heroico y humilde. Permisivo y atento. La deja ser tal cual es, pero sabe ponerle los justos límites... y perdonar. Todas las cualidades, las tiene él.

Parece ser que en la era de la muerte de dios, ella no ha dejado de creer, sino que ha trasladado el sujeto de su fe.

Ella es muchas de nosotras.
Su sueño no es utopía, es religión.

¿Será hora de desmitificar también las relaciones?

Por el momento... pobre hombre, cargar con esta cruz.

5 comentarios:

  1. JAJA! es verdad, cuanto más tiempo pasa y más aprendemos, más carga le metemos a ese hombre soñado. Pero creo que si justamente es él, entonces lo que queremos no debería ser una carga... me gustó tu posteo, te sigo :)

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  2. ¡Hola, Desencantada! Un honor recibir tu comentario ya que veo que sos una experta en el tema (vi tu blog del Hombre Perfecto: genial!).

    Me refería justo a eso. Pero yo ya estoy dudando de que ese "hombre soñado" exista: ¿no le estamos pidiendo cualidades que antes se le pedían a dios? ¿Será que necesitamos tener sí o sí una idealización de algo/alguien y, en esta era post-religiosa, queremos canalizar esa necesidad de fe en la esperanza de que existe la relación perfecta?

    Al final, al tipo ideal le pedimos todas las cualidades que antes se le pedían a dios (bueno, comprensivo, compasivo, generoso, inspirador, etc) más que sea divertido, sólo se enamore perdidamente de nosotras, y tengamos un sexo espectacular, claro.

    ¡Eso no es un hombre, es un mito!

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  3. La verdad que sí pedimos demasiado, pero fijate que ellos también piden demasiado! Además, al fin y al cabo el amor es ciego y nos terminamos enamorando de la persona que menos pensábamos... no sé, yo pienso que sí existe, de hecho "mi hombre perfecto" está hecho de muchas cualidades que encontré en los hombres que están en mi vida... y creo que si esas cualidades existen en ellos, entonces puede haber una persona que las englobe todas (o casi todas, no vamos a ser taaaaaaan hinchabolas).

    Un beso! No me deja seguirte, me marca error! que broncaaa!

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  4. Tenés razón en lo que escribís. No lo había pensado de esa manera!

    Es verdad que pedimos demasiado, pero creo que cuando nos enamoramos creemos encontrar todo eso que relatás, en el hombre que tenemos adelante.

    Quizá pueda tener muchas de esas cualidades, pero otras veces, nosotras tendemos a proyectar esos sueños y deseos en el pobre mortal que tenemos adelante. (cuanta presión!)

    Tenemos que reconocer que la mente enamorada es un tanto engañosa. Pintamos de colores al hombre más gris, aunque a esta altura ya se sabe... el principe azul destiñe con el primer lavado!

    Saludos :)

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  5. Coincido! Menos mal que existe el amor, pues cuando llega, deformamos la realidad y nos gustan hasta lo que antes hubiéramos catalogado como "defectos". Un ejemplo testimonial:

    - Antes de conocer a uno de mis exs: no me banco la gente intolerante, que putea al colectivero, al remisero, al taxista. Se ve que están de mal humor per-se y descarga sus frustraciones ahí.

    - Mientras salía con mi ex, éste se peleó con un taxista que nos dio mil vueltas adrede. Y yo pensaba, mientras lo miraba embelesada: "qué bueno que tiene esa capacidad de expresarse ante una injusticia..." bla bla bla

    ¡viva el amor! ¿será el remedio para nuestras neurosis?

    Ahora, ojo. Que esa neurosis no nos impida EMPEZAR una relación. A veces el amor enceguecedor viene DESPUÉS de conocer a alguien... tal vez si hubiera presenciado esa pelea con el taxista ANTES de salir con él, jamás le hubiera dado bola (por mi prejuicio) y no hubiéramos tenido esos cinco años divinos de relación...

    Saludos!

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